España pierde cinco puntos de renta per cápita relativa desde 1973 por la evolución de empleo, según Fedea

El futuro de economías como la española está en sus propias manos y depende fundamentalmente de que se adopten las políticas correctas

España ha perdido cinco puntos de renta per cápita relativa desde 1973 hasta ahora, pese a haber ganado otro tanto de productividad, debido fundamentalmente a la negativa evolución del empleo, según se desprende de un estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), elaborado por Rafael Doménech (BBVA Research y Universidad de Valencia) y Ángel de la Fuente (Fedea e IAE-CSIC) .

Entre 1960 y 2022 España ha ganado casi 24 puntos de renta per cápita relativa, con una mejora de productividad de casi 40, que se ha disipado en parte por el mal comportamiento del empleo, especialmente en el caso de la tasa de ocupación, que ha restado casi 10 puntos.

Si se divide el período en varios intervalos, más del 100% de la ganancia total de renta se produce durante el primero de ellos (1960-73), con un fuerte avance de la productividad y un comportamiento casi neutro del empleo. Sin embargo, desde 1.973 hasta ahora, España ha perdido 5 puntos de renta relativa pese a haber ganado otro tanto de productividad, debido fundamentalmente a la negativa evolución del empleo.

El artículo de Fedea ha analizado la evolución de la renta per cápita, la productividad, el empleo y otros agregados económicos en los países de la OCDE desde 1960 hasta 2022, y ha mostrado la enorme heterogeneidad existente dentro de este grupo en términos de crecimiento durante las últimas seis décadas.

España se ha mantenido siempre claramente por debajo de la media de la OCDE en términos de renta per cápita, con dos picos en torno al -10% de esta referencia, el primero en 1973 y el segundo en 2003. El primer pico llegó tras un periodo de rápido crecimiento que comienza con el Plan de Estabilización de 1955 y la subsiguiente apertura al exterior de la economía española, y el segundo tras un segundo episodio de apertura y crecimiento sostenido, aunque no tan intenso como el anterior, relacionado esta vez con la entrada de España en la Unión Europea en 1986.

«Desde 2003 hasta ahora, sin embargo, hemos vuelto a perder posiciones con respecto a nuestros socios y vecinos», se alerta en el informe.

Los resultados apuntan a que, en general, la dinámica de la renta per cápita relativa está dominada por la evolución de la productividad y en menor medida por la de la tasa de ocupación, con el componente demográfico jugando un papel generalmente secundario en la mayor parte de los países de la OCDE.

La evidencia muestra que no se ha registrado un patrón uniforme de convergencia entre los países de este grupo. Mientras que algunos se han ido acercando a la frontera de manera sostenida a lo largo de varias décadas, otros han mezclado periodos de avance y retroceso o han mantenido niveles estables de renta relativa durante largos períodos, siguiendo un patrón generalmente consistente con lo que cabría esperar dado el comportamiento de sus tasas de inversión, un resultado que se confirma de forma más rigurosa en numerosos estudios cuantitativos sobre los determinantes de la renta per cápita y su evolución.

Una conclusión importante es que, en la medida en que las tasas deinversión en distintos tipos de capital se mantengan relativamente constantes, cabe esperar que los países vayan asentándose en posiciones relativas determinadas por su esfuerzo inversor y su calidad institucional.

INCENTIVAR LA INVERSIÓN, SEGURIDAD JURÍDICA E INNOVACIÓN

Así pues, el futuro de economías como la española está en sus propias manos y depende fundamentalmente de que se adopten las políticas correctas.

En particular, los resultados ponen de manifiesto que las sociedades que han sido capaces de mejorar en mayor medida sus niveles de renta per cápita y productividad lo han hecho sobre la base de incentivar la inversión, la mejora de su capital humano, y la innovación, mediante instituciones que aseguran un buen funcionamiento del Estado de derecho y un grado elevado de seguridad jurídica, administraciones públicas eficientes y bajos niveles de corrupción.

La evidencia muestra que los indicadores de calidad institucional se encuentran estrechamente relacionados entre sí y que las sociedades que se preocupan por la eficiencia en el funcionamiento de su sector público, la transparencia y el Estado de derecho también combaten eficazmente la corrupción o cuentan con entornos regulatorios más eficaces.

Todo ello contribuye a que sus economías atraigan o generen más capital físico, humano y tecnológico, y a que todos estos factores se usen de una manera más eficiente, contribuyendo así a alcanzar mayores niveles de productividad y renta per cápita.

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