Los forenses descartan un brote psicótico del acusado de matar a su madre y creen que era «consciente» de lo que hacía

Según sus informes, el hombre tiene un trastorno de personalidad y no se descarta otro de bipolaridad

Las médicos forenses que han evaluado el estado del acusado de matar a su madre a punto de cumplir 80 años en octubre de 2021 en el domicilio de Santander en el que ambos convivían han descartado que el hombre tuviese un brote psicótico y creen que era «consciente» de lo que hacía.

Así lo han expresado en la tercera jornada del juicio que se lleva a cabo desde el lunes en la Audiencia Provincial de Cantabria los dos forenses que han estudiado al acusado, quienes han concluido que sí que presenta un trastorno de personalidad mixto, con síntomas y rasgos de varios tipos de trastorno de personalidad, pero que no le impedía tener «conciencia y juicio de realidad».

«No creemos que estuviera afectada su capacidad volitiva (…) y en el momento posterior a los hechos no presentaba síntomas psicóticos y tenía el juicio de realidad conservado», ha indicado una de las forenses, especialista en Medicina Legal y especialista universitaria en Psiquiatría Legal, quien ha hecho hincapié en que el hombre, tras el homicidio, no mostraba «arrepentimiento» y su relato era «insensible, minucioso y descriptivo», llegando incluso a contar «lo que sentía y pensaba» y las preguntas que se hacía: «¿la mato o no la mato?».

Según ha explicado la forense, esa reacción de «frialdad» y esa «falta de empatía y remordimiento» se acerca más a un trastorno de personalidad que a la psicopatía o la esquizofrenia, ya que en estos últimos casos lo habitual es que la persona «sienta angustia» y «no recuerde bien» los actos que ha cometido al volver a su estado mental normal.

Ambas forenses consideran que el procesado tenía una conducta «muy racional» frente a unos hechos «muy violentos» y «crueles», sin presentar síntomas de un brote psicótico como «ideas delirantes» o «rupturas de la realidad» que además, han explicado, suele tener una duración mínima de unas 24 horas.

Por otra parte, ha examinado al procesado a petición de la defensa el jefe de Psiquiatría del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, Jesús Artal, que ha coincidido en que el paciente presenta un trastorno de personalidad «grave» que le lleva acompañando toda su vida debido a diferentes circunstancias biológicas y experiencias vitales, como la relación con sus familiares, lo que le lleva a decir cosas «de escasa credibilidad» y a justificarse y culpar al resto.

Artal considera que el acusado presenta también un trastorno de bipolaridad que ha tenido una evolución «razonable», «estabilizada» y sin hospitalizaciones por la medicación que el hombre tomaba desde hace años gracias a las recomendaciones de otros profesionales a los que acudió y que también sospechaban sobre que tuviese este trastorno.

Para el experto, el presunto asesino de su madre vive «en un mundo propio» y tiene «pensamientos peculiares» que considera como verdad porque «esa es su personalidad», de manera que esa forma de ser le hace «creer que lo que hace está justificado».

No obstante, el psiquiatra considera que, «probablemente», el hombre sabía lo que hacía, pero que su trastorno de personalidad le hacía pensar que su familia, y en este caso su madre, «había superado el límite», lo que le hizo dar el primer golpe y a partir de ahí «desatar la tormenta».

En cualquier caso, no se ha mostrado totalmente «seguro» de ello y cree que el trastorno de personalidad pudo afectar a su toma de decisiones.

Por otro lado, preguntados por la posibilidad de que la mezcla de medicamentos y el consumo de cannabis pudiesen haber influido, las dos forenses y el psiquiatra han sostenido que la cantidad que el hombre había fumado era «poco acusada» y llevaba haciéndolo desde hace mucho tiempo sin ninguna consecuencia similar.

INFORME DE LA AUTOPSIA

Durante la jornada de este miércoles también se ha llevado a cabo la explicación detallada, por parte de otra médico forense, del informe de la autopsia del cuerpo de la madre del acusado.

En primer lugar, la forense ha detallado que el cadáver se encontraba boca abajo, con la espalda desnuda y en un espacio «reducido» y «desordenado» rodeado por un sillón, una cama y una mesa de noche, además de un router y una televisión en los que se encontraron una huella palmar y otra dactilar del acusado. También había cables alrededor y uno de ellos estaba atado por el agresor al tobillo de la víctima.

Respecto a las características físicas de la fallecida, ha señalado que estaba a punto de cumplir 80 años, y con sus 1,59 metros de altura y 70 kilos de peso, presentaba «obesidad» y una osteoporosis «importante» diagnosticada en 1990, lo que facilitó las lesiones ante las caídas y los golpes.

Todas las lesiones fueron de tipo contuso (provocadas por objetos con una superficie dura o roma, sin punta ni filo o por golpes como caídas, puños o patadas), y destacaba la fractura de los dos brazos al apoyarse para frenar la caída ante, como recoge el escrito de acusación, abalanzarse el acusado sobre ella.

En esta situación, en la que la víctima tenía «imposible» levantarse, el hombre debió golpearla varias veces la cabeza contra el suelo, provocando una fractura de la nariz, otra del hueso malar o hematomas y hemorragias en los ojos, ha apuntado la forense.

La víctima aún viva, tal y como demuestra el gran tamaño de los hematomas que solo se producen si el corazón continúa bombeando sangre hacia la zona afectada, también sufrió un desgarro en la oreja derecha a causa de un mordisco y otras siete marcas de mordedura leves en la espalda, así como otro hematoma en la zona del cuero cabelludo.

Ambas manos fueron otras de las partes más afectadas por golpes directos con algún objeto duro, con el meñique de una de ellas a punto de ser amputado.

Por último, la zona que más sufrió fue la de las costillas a causa de un aplastamiento del acusado, resultando todas ellas rotas por múltiples partes, acompañadas de la fractura del esternón y de la clavícula derecha.

A juicio de las forenses, estas lesiones que solo se producen de manera accidental «en accidentes de tráfico» o similares, provocó la pérdida de conocimiento de la madre por falta de oxígeno en el cerebro y, posteriormente, su muerte.

Con todo, el acusado se enfrenta a 23 años de prisión que pide la fiscal y a 25 de la acusación particular (su hermano), además de prohibición de comunicar y acercarse al hermano con el que convivía durante otros 25 y una indemnización de 170.000 euros para sus dos hermanos.

El juicio continuará mañana con las conclusiones e informes finales y el viernes el jurado popular emitirá su veredicto.

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