Las «personas reales» detrás de la abrumadora crisis humanitaria en Siria

La comunidad humanitaria mantiene que la prioridad sigue siendo «salvar vidas» pero llama a pensar a medio plazo

Los diez años de guerra en Siria han sumido al país en una grave crisis humanitaria que a día de hoy mantiene a 13,4 millones de personas necesitadas de ayuda. Las cifras se asemejan a las peores etapas del conflicto armado y, como recuerda la ONU, detrás de ellas hay «personas reales» con un «sufrimiento real».

De los 13,4 millones de personas que necesitan asistencia –dos de cada tres habitantes de Siria–, más de seis millones son niños, testigos y víctimas de una guerra que muchos ni siquiera han llegado a ver empezar, puesto que han pasado ya diez años desde lo que comenzó como un proceso de revueltas contra el Gobierno de Bashar al Assad se tornó en una guerra abierta.

Alrededor de 4,8 millones de niños han nacido en territorio sirio en la última década, a los que habría que sumar un millón más si tiene en cuenta a los nacidos de familias refugiadas en países vecinos. Aún hoy unos 5,6 millones de personas siguen fuera de Siria y unos 6,7 millones viven como desplazados internos.

La portavoz de la Oficina de Coordinación Humanitaria de la ONU en Siria, Danielle Moylan, admite que esta es «la parte más difícil», asumir que toda una generación no conoce más que una «situación terrible» que no ha hecho sino empeorar en los últimos doce meses –el dato de personas que requieren ayuda ha aumentado un 21 por ciento–.

«Por darle algo de perspectiva», Moylan explica en una entrevista a Europa Press que la situación humanitaria es comparable a la de 2016, en plena guerra. El goteo incesante de enfrentamientos que aún persiste, el colapso económico, la pérdida de las formas más básicas de vida y, ahora, la pandemia de COVID-19, han contribuido a este deterioro.

Casi el 90 por ciento de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, una estadística «muy abrumadora» que, como asevera Moylan, se suma al hecho de que seis de cada diez personas están en situación de inseguridad alimentaria. Y «es posible esta crisis vaya aún peor», advierte.

No en vano, el precio de la cesta básica de alimentos se ha disparado un 236 por ciento en el último año y multiplica ya por 29 los valores previos a la guerra.

La responsable de incidencia para Siria de Acción contra el Hambre (ACH), Helene Michou, afirma que la mayoría de las familias «han tenido que recurrir a medidas nocivas para lidiar con la inflación y el coste desorbitado de productos básicos como el arroz, el trigo, la sémola y el aceite.

Las más comunes serían la reducción del número de comidas al día o del tamaño de las raciones, aunque «otras muchas familias están teniendo que vender los pocos bienes que les quedan o incluso sacar a sus niños de la escuela para intentar encontrar trabajo». La ONU estima que 2,4 millones de menores no van a clase.

VISIÓN A MEDIO PLAZO

La portavoz de la OCHA reconoce que la cifra de refugiados que regresan a Siria sigue siendo «muy pequeña», pero evita valorar si puede haber a estas alturas un retorno seguro, por entender que se trata de una decisión personal que deben tomar estas familias.

El secretario general de la ONU, António Guterres, ha reclamado en reiteradas ocasiones el fin del conflicto, mensaje al que se ciñe también Moylan recordando en cualquier caso que la prioridad ahora es seguir «salvando vidas». Las operaciones humanitarias llegaron de media a 7,6 millones de personas al mes en 2020, pero el 20 por ciento de la población que necesita ayuda vive en áreas donde el reparto es cuanto menos «complicado».

El «acceso pleno» de la ayuda se mantiene como una demanda recurrente para la OCHA, que insiste además en la importancia de invertir en otro tipo de programas para que las comunidades locales puedan «reconstruir sus vidas», como podrían ser iniciativas en agua, educación o saneamiento.

La responsable de Acción contra el Hambre coincide en que «la falta de acceso a servicios de base sigue exigiendo una respuesta de emergencia», pero ve necesario contribuir «a la resiliencia de la población siria» y a la restauración de los servicios básicos». «Sin este enfoque de medio plazo», apunta, «la situación de vulnerabilidad extrema en un contexto económico cada vez peor seguirá su círculo vicioso».

En este sentido, llama a «buscar la manera de reducir la dependencia en la ayuda humanitaria, fortaleciendo la provisión de servicios de base y apoyando programas que permitan a los sirios retomar actividades que generan ingreso y dignidad». Recalca que el cese de hostilidades sigue siendo imprescindible en ciertas zonas, al igual trabajar en procesos de «reintegración segura» para quienes decidan regresar a sus hogares y «soluciones alternativas» para los que no.

NORMALIZAR LA GUERRA

El conflicto sirio comenzó al albor de la Primavera Árabe y sigue sin resolverse diez años después –ni tiene perspectivas de solución política a corto plazo–. «Desafortunadamente, es común que conflictos o crisis prolongadas dan lugar a sensaciones de cansancio, agotamiento, e incluso indiferencia», apunta Michou a Europa Press en nombre de ACH.

«Si le añadimos una pandemia global por en medio, es normal que quede poca atención para la situación en países alejados», agrega, en el marco de un llamamiento para seguir atendiendo a los más vulnerables y que la comunidad asuma también su parte de «responsabilidad».

Para Michou, por su parte, el décimo aniversario supone «una buena oportunidad para recordarle a la gente que el conflicto sirio sigue activo». «Si la atención del mundo se ha ido, ahora es el momento de que vuelva», sentencia la portavoz de OCHA.

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