Fármacos en investigación frenan la pérdida ósea en ratones que reciben quimioterapia

Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St.Louis han demostrado que la pérdida ósea relacionada con los tratamientos de quimioterapia y radiación en ratones puede detenerse con dos medicamentos en investigación que ya se están evaluando en ensayos clínicos, en un estudio publicado en la revista Cancer Research de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer.

El estudio explica que la pérdida ósea es uno de los problemas más importantes a los que se enfrentan los pacientes con cáncer que reciben quimioterapia y radiación, ya que puede derivar en esteoporosis y fracturas. Los investigadores han descubierto además que el estrógeno no es el único elemento desencadenante de la degeneración ósea.

Los tratamientos con quimioterapia y radiación, explican, pueden detener la división celular en el hueso. Esto supone una respuesta al estrés conocida como «senescencia», un proceso que se observa en hombres y mujeres y es independiente del tipo de cáncer, según afirman en el estudio.

«Los investigadores han entendido que esta pérdida ósea tiene que deberse a algo más que a la pérdida de hormonas», ha dicho la autora principal del estudio y directora asociada de Ciencias Básicas del Centro de Cáncer Alvin J. Siteman en el Hospital Barnes-Jewish y la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, la profesora de biología celular y fisiología Sheila A. Stewart.

«Los pacientes con cáncer que reciben quimioterapia y radiación pierden mucho más hueso que las mujeres con cáncer de mama tratadas con inhibidores de la aromatasa, que eliminan el estrógeno. Y los niños que aún no han pasado por la pubertad y no están produciendo mucho estrógeno, también pierden hueso», ha añadido.

Su objetivo principal es tratar de «entender qué causa la pérdida ósea más allá de la pérdida de estrógenos» y saber si pueden «hacer cualquier cosa para detenerlo». Detener esta pérdida ósea podría mejorar la calidad de vida de los pacientes con cáncer, ya que el riesgo de fracturas continúa muchos años después del tratamiento, lo que afecta su movilidad y aumenta el riesgo de muerte.

EL ESTUDIO EN RATONES

Los investigadores han estudiado esta pérdida ósea en ratones tratados con dos medicamentos de quimioterapia comunes, doxorrubicina y paclitaxel, y en ratones que recibían radiación en una extremidad. En todas estas situaciones, observaron que los tratamientos condujeron a la senescencia celular.

«La senescencia es una respuesta crónica al estrés en una célula que impide que se divida y produzca la liberación de muchas moléculas, algunas de las cuales conducen a la pérdida ósea», ha dicho Stewart.

Las células más afectadas por estas terapias contra el cáncer son las células responsables de la remodelación del hueso. Unos conjuntos de células que aseguran el equilibrio vital entre el desmantelamiento del hueso viejo y la construcción de un nuevo hueso en su lugar. La osteoporosis, señalan, altera este equilibrio de manera que las células que forman los huesos ya no pueden seguir el ritmo de las células que desmantelan los huesos.

En concreto, el nuevo estudio demuestra que este desequilibrio es aun más acentuado en las terapias contra el cáncer ya que la construcción ósea se ralentiza y la actividad de las células que extraen el hueso viejo se acelera.

LOS FÁRMACOS EN INVESTIGACIÓN

Los investigadores han demostrado que la pérdida ósea en los ratones podía prevenirse si se tomaban medidas para eliminar las células que ya no se dividen, eliminando las señales moleculares que conducen a la pérdida ósea.

Esto lo han conseguido gracias a dos tipos de compuestos inhibidores: un inhibidor p38MAPK y un inhibidor MK2. De hecho, Stewart y el resto de investigadores ya publicaron en 2018 un estudio en el que demostraban como estos dos inhibidores ralentizaban la metástasis en el cáncer de mama en ratones.

El inhibidor p38MAPK está siendo probado actualmente en Estados Unidos en enfermedades inflamatorias, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, mientras el inhibidor MK2 será evaluado como una terapia para la artritis reumatoide.

Los pacientes con cáncer que experimentan pérdida ósea suelen ser tratados con fármacos para la osteoporosis, como bifosfonatos y denosumab. Sin embargo, en el estudio explican que ambos tienen efectos indeseados como dolores musculares y óseos, además de no ser muy recomendados para niños cuyos huesos todavía están en proceso de desarrollo.

«Los inhibidores que estudiamos tienen muy baja toxicidad», ha concluido Stewart, y constituyen una «opción mejorada» para detener la pérdida ósea tanto en niños que reciben tratamiento como en mujeres que sufren cáncer de mamá con metástasis, para ralentizar el crecimiento de la metástasis y preservar la salud ósea.

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