Hasta un 45% de los pacientes con espondiloartritis axial presenta riesgo de mala salud mental

MADRID, 15

Hasta un 45 por ciento de los pacientes con espondiloartritis axial presenta riesgo de mala salud mental, consecuencia de la cronicidad y el impacto de síntomas como la pérdida de la movilidad, el dolor crónico o el agotamiento físico en la vida diaria de los pacientes, según queda patente en el Atlas de Espondiloartritis Axial en España 2017: radiografía de la enfermedad .

El informe, que está elaborado por la Coordinadora Española de Asociaciones de Espondiloartritis (CEADE), la Universidad de Sevilla y el Instituto Max Weber, con la colaboración de la Sociedad Española de Reumatología (SER – grupo GRESSER-) y de Novartis, pone de manifiesto la importancia del abordaje psicológico de la espondiloatritis axial (EspA-ax) dentro del plan terapéutico interdisciplinar para la mejor adaptación de los pacientes a la enfermedad.

La EspA-ax es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a la columna vertebral y a las articulaciones sacroilíacas, limitando la movilidad. “Comorbilidades como la ansiedad y la depresión tienen un alto impacto sobre la respuesta al tratamiento y se ha demostrado que son factores mediadores entre los niveles de actividad de la enfermedad y las limitaciones funcionales”, señala el informe.

El Atlas pone de manifiesto que las mujeres y los jóvenes tienen aún un riesgo mayor. Según esta escala, el riesgo de padecer un trastorno psiquiátrico es tres puntos mayor en personas con EspA-ax: un 70,4% de mujeres y un 60,6% de hombres está en riesgo de padecer mala salud mental.

De hecho, un 21,1% de los pacientes con EspA-ax recibe atención psicológica o psiquiátrica frente a un 4,6% de la población general. Tres de las cinco patologías concomitantes más comunes entre los pacientes que participaron en este estudio están relacionadas con alteraciones psicológicas como la ansiedad, la depresión y los trastornos del sueño, estrechamente ligados al dolor y la rigidez que sufren durante la noche. Y es que a medida que se pierde la movilidad, crecen las dificultades para realizar rutinas sencillas, lo que pone en peligro el estado emocional y mental del paciente.

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