Los dos acusados de secuestrar a un hombre con una deuda por droga no declaran y la víctima recuerda el «pánico» vivido

El denunciante, de nacionalidad alemana, se pregunta «miles de veces» hasta «dónde habrían llegado» los acusados si no hubiera logrado escapar

Los dos acusados de secuestrar en Santander a un hombre que tenía una deuda por drogas se han acogido en el juicio a su derecho a no declarar, mientras que la víctima ha relatado el «pánico» vivido en las horas en las que estuvo retenido hasta que logró escapar, en las que fue golpeado y objeto de vejaciones.

«Me pregunto miles de veces, a dónde habrían llegado, si me hubiera quedado ahí», ha señalado el denunciante en la primera sesión de este juicio, en el que la Fiscalía pide 18 años para el principal acusado y 14 años para el otro por diversos delitos relacionados con lo supuestamente acontecido.

Dos meses después de los hechos, ocurridos en julio de 2020, la víctima, de nacionalidad alemana, decidió marcharse de Cantabria por miedo a las «represalias» y, según ha afirmado, desde hace año y medio recibe atención psiquiátrica y psicológica, toma ansiolíticos, antidepresivos y pastillas para dormir. «Ni siquiera en mis peores pesadillas a lo que iban allegar», ha dicho.

Después de la negativa a declarar de los acusados, de nacionalidad marroquí y que están en prisión y han acudido al juicio en la Audiencia Provincial esposados y custodiados por varios agentes de Policía, ha prestado declaración la víctima, cuyo abogado pidió que los procesados escucharan separados de él por un biombo para que no hubiera contacto visual.

VERSIÓN DE LA VÍCTIMA

En su relato, la víctima ha explicado que conocía a uno de los acusados porque éste le había vendido cocaína y hachís «5 ó 6 veces».

El denunciante, según ha reconocido, debía a este acusado unos 600 euros por esta droga. El día de los hechos, el procesado le llamó y quedaron por la tarde en un aparcamiento cercano a donde vivía la víctima, en Nueva Montaña, para hablar de esta deuda.

En este encuentro, en el que el acusado estaba acompañado de otras dos personas, la víctima ha relatado que éste le reclamó el pago inmediato de 1.000 euros (unos 400 euros más de lo que le debía). El denunciante le prometió que le pagaría «el doble» de lo que adeudaba pero 9 días después.

El acusado no aceptó, le dio un «bofetada» y le dijeron: «te vienes con nosotros». Entonces, le «metieron a la fuerza» en un coche.

Durante el trayecto, la víctima «que no sabía dónde iban», intentó razonar con las personas que le retenían, insistiéndoles en que pagaría lo que debía en unos días. «Yo lo quería arreglar pero él (el principal acusado) no quería», ha señalado la víctima, que ha relatado que durante el trayecto recibió «varios guantazos».

Finalmente, llegaron a un lugar conocido como la Granja de Adarzo, un conjunto de tres casas aisladas que están okupadas, un sitio que la víctima conocía porque había estando allí en anteriores ocasiones comprándole drogas al principal acusado.

Ya en el lugar, le sacaron del coche, le llevaron a uno de los tres edificios y le subieron a la primera planta. Allí, «le ataron de pies y manos», le arrebataron el móvil y las llaves de casa y le hicieron quitarse los zapatos. «Allí me entró el pánico», ha señalado la víctima.

Allí, según el relato de la víctima, le exhibieron un alicate haciendo «ademán» de arrancarle un dedo, y un machete y le «azuzaron» con un perro.

En un momento, el acusado le puso delante su móvil y le dijo que tenía tres llamadas para conseguir el dinero, las cuales hizo pero sin éxito.

Tras no lograr el dinero, le sacaron de la estancia para conducirle de nuevo a la planta baja pero, al estar atado y debido a los «empujones» que le daban, cayó por las escaleras hacia el piso inferior.

Una vez allí, entre «patadas y empujones, le sacaron al patio, donde apareció el segundo acusado, al que la víctima no había visto hasta entonces pero que tampoco hizo ademán de liberarle.

A continuación, le metieron en un «hueco» de reducidas dimensiones, una especie de leñera, donde no cabía de pie y tenía que estar «de cuclillas», sin luz ni apenas ventilación.

Allí fue golpeado y objeto de varias vejaciones por parte de los acusados y de otras personas que iban pasando por el lugar: le tiraron agua, le metieron la cabeza en un cubo de agua, le rociaron de gasolina aproximándole un mechero e, incluso, le llegaron a tomar medidas para, supuestamente, cavar su tumba.

Además, le forzaron a darles su clave del móvil y también la contraseña de su cuenta bancaria online y le instaban a decirle la dirección del domicilio donde vivía (residía en casa de la que en ese momento era su pareja, que cuando sucedieron los hechos estaba de vacaciones fuera de Cantabria).

En un momento dado, la víctima se dio cuenta de que gente mandada por los acusados había entrado finalmente en el domicilio ya que los acusados le dieron detalles de los enseres que había en la casa. Además, tiempo después, le pusieron ante sí «5 o 6 cajas» con algunos objetos que había en el piso.

Después, volvieron a meterle en la leñera y trancaron la puerta poniendo un sofá delante. Desde dentro el acusado ha explicado que oía las voces de varias personas que se encontraban fuera.

En un momento dado, ya de madrugada, dejó de oír ruidos, esperó durante algo de tiempo más para asegurarse de que no había nadie y comenzó a empujar la puerta, que logró abrir lo suficiente como para escaparse. «No sé cómo tuve el valor de salir de ahí», ha señalado.

Ha explicado que, una vez fuera, huyó del lugar, descalzó y consiguió llegar a la comisaría de Policía de La Albericia, donde llegó sobre las 6.00 horas.

DECLARACIÓN DE LOS POLICÍAS

Allí, según ha relatado la víctima y algunos de los policías que le asistieron, llegó descalzo, con lesiones externas y «muy nervioso», contando lo que le había ocurrido.

En su relato, la víctima identificó el lugar, dando detalles de las estancias en las que había estado retenido, de algunos utensilios que habían utilizado para atarle o amenazarle y de los objetos que allí había dejado.

Además, uno de los policías explicó que la víctima se negó a volver a su casa porque «tenía miedo de las represalias».

En los días sucesivos a los hechos, la Policía llevó a cabo labores de vigilancia en la Granja de Adarzo, constatando que en la Granja se vendían drogas. El 29 de julio se produjo la entrada y registro de la Policía en el lugar y se detuvo a ocho personas, entre ellas los dos acusados y algunos menores.

En el registro, los agentes encontraron varias pertenencias de las víctimas y de la casa en la que vivían. También hallaron varias pastillas de hachís y localizaron una plantación indoor de marihuana conectada a la luz por un enganche irregular.

De los detenidos, la víctima identificó a los dos acusados y a otras dos personas.

Los hechos constituyen, a juicio del fiscal, un delito de secuestro, otro de robo con violencia e intimidación, uno de robo con fuerza en casa habitada, otro contra la integridad moral, un delito leve de lesiones y un delito contra la salud pública de sustancias que no causan grave daño en concurso medial con un delito leve de defraudación de fluido eléctrico.

El primero de los acusados debe responder, según pide la Fiscalía, por todos los delitos descritos, por los que le pide 18 años de cárcel y 1.440 de multa.

Al segundo de los acusados, la fiscal le atribuye el secuestro, el robo con intimidación, el robo con fuerza en casa habitada y el delito de defraudación de fluido eléctrico, delitos que suman una petición de condena de 14 años de cárcel y 1.080 euros de multa.

En materia de responsabilidad civil, se les reclama una indemnización conjunta y solidariamente a la víctima en 3.000 euros por las lesiones y daños psíquicos causados, a la aseguradora en 6.681 euros y a la compañía eléctrica en 456 euros.

Está previsto que el juicio continúe mañana, miércoles, a la misma hora.

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