Investigadores encuentran genes y proteínas que contribuyen a un mayor riesgo de padecer Covid-19 grave

Un equipo de científicos del Instituto de Salud de Berlín en Charité (BIH), en Alemania, junto con colegas del Reino Unido y Canadá, ha encontrado genes y proteínas que contribuyen a un mayor riesgo de padecer Covid-19 grave.

Es decir, además de los factores de riesgo conocidos, como la edad y el sexo, los genes predisponen a las personas a experimentar una infección más severa, según confirma el estudio, publicado en la revista Nature Communications .

«Se ha observado relativamente pronto que la susceptibilidad a la infección depende del grupo sanguíneo de la persona, por ejemplo, que se hereda», explica Maik Pietzner, autor principal del estudio. «Así que estaba claro que el curso de la enfermedad está determinado, al menos en parte, por la genética», añade.

Los científicos del BIH tuvieron acceso a los datos genéticos que los investigadores habían recogido de pacientes de Covid-19 de todo el mundo, que también incluían la gravedad de la enfermedad. «En aquel momento, se observó que unas 17 regiones genómicas estaban asociadas a un mayor riesgo de Covid-19 grave, pero los genes causales y el mecanismo subyacente seguían siendo desconocidos para muchos de ellos», explica Pietzner.

El Grupo de Medicina Computacional del BIH había desarrollado previamente un enfoque «proteogenómico» para relacionar las regiones del ADN que codifican proteínas con las enfermedades a través del producto proteico. Aplicaron este método a la Covid-19 y dieron con ocho proteínas especialmente interesantes en este nuevo estudio.

«Una de ellas era una proteína responsable del grupo sanguíneo de un individuo», explica Claudia Langenberg, jefa del Grupo de Medicina Computacional. «Sabíamos que este gen estaba asociado al riesgo de infección, así que fue como una prueba de concepto», explica.

Por su parte, la proteína ELF5 parecía que podía ser mucho más relevante. «Descubrimos que los pacientes de Covid-19 portadores de una variante en el gen que codifica la ELF5 eran mucho más propensos a ser hospitalizados y ventilados, y en algunos casos incluso a morir, así que lo analizamos más detenidamente», añade Langenberg.

«Descubrimos que la ELF5 está presente en todas las células superficiales de la piel y las mucosas, pero se produce en cantidades especialmente grandes en los pulmones. Dado que es aquí donde el virus causa la mayor parte de sus daños, esto parecía muy plausible», afirma Lorenz Chua, estudiante de doctorado que ha participado en el estudio.

Sin embargo, Conrad pone freno a cualquier esperanza de que los científicos puedan haber identificado una nueva molécula objetivo para el desarrollo de fármacos.

«ELF5 es lo que se conoce como un factor de transcripción, y controla la frecuencia con la que se activan y desactivan otros genes en todo el cuerpo», explica. «Desgraciadamente, es difícil imaginar que se pueda interferir en esta proteína de alguna manera, ya que eso causaría sin duda muchos efectos secundarios indeseables», expresa.

LA PROTEÍNA G-CSF

Sin embargo, los científicos identificaron otro candidato interesante entre los ocho sospechosos: la proteína G-CSF, que sirve como factor de crecimiento para las células sanguíneas. Descubrieron que los pacientes con Covid-19 que producen genéticamente más G-CSF tienden a experimentar un curso más suave de la enfermedad.

El G-CSF sintético está disponible como medicamento desde hace tiempo, por lo que su uso como tratamiento para los pacientes de Covid-19 podría ser «concebible», según los investigadores.

Sin embargo, tal y como aclaran, la traducción de estos descubrimientos genéticos en aplicaciones clínicas no es un proceso fácil ni rápido. El trabajo pone de manifiesto cómo la ciencia abierta y el esfuerzo de un equipo internacional pueden descubrir paso a paso cómo los cambios más pequeños en la composición genética alteran el curso de una enfermedad.

«Empezamos con datos globales de 100.000 participantes y acabamos observando moléculas individuales en células concretas», expresa Pietzner. «Creemos que las colaboraciones que nos permiten pasar rápidamente del panorama general y el estudio de grandes poblaciones al seguimiento molecular en profundidad pueden ayudar a comprender mejor las consecuencias clínicas de este virus y enseñarnos importantes lecciones para futuras pandemias», concluye.

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