Diez tendencias habitacionales que ponen en jaque la seguridad de los bienes, según Grupo Inviam

El alquiler de cajas de seguridad ha aumentado un 15 % en 2025, mientras que el perfil de sus usuarios se ha diversificado para reflejar los nuevos modos de vida, impulsados por cambios demográficos y laborales

Personas que alquilan habitaciones por temporadas, parejas divorciadas que rotan residencias para cuidar a los hijos o nómadas digitales que trabajan desde cualquier lugar. Esta diversidad de perfiles responde a cambios demográficos y laborales que han multiplicado las fórmulas de vivienda compartida. Pero ¿se puede confiar en el vecino de habitación? Compartir casa con desconocidos genera nuevas preocupaciones cotidianas y ha obligado a miles de personas a buscar nuevas fórmulas para proteger sus bienes.

En este nuevo entorno, Grupo Inviam, empresa española pionera y líder en el alquiler de cajas de seguridad en cámaras acorazadas, ha detectado 10 realidades habitacionales cada vez más comunes en España. Para su CEO, David Sacristán, «el incremento del 15 % en el alquiler de cajas de seguridad en 2025 muestra cómo estos cambios sociales están llevando a miles de personas a buscar soluciones profesionales para blindar sus pertenencias».

Grupo Inviam ha detectado 10 tendencias habitacionales que redefinen la seguridad de los consumidores:

  1. Pisos compartidos multigeneracionales. Ya no solo comparten piso jóvenes y estudiantes, sino que cada vez más adultos de mediana edad optan por esta fórmula ante el encarecimiento de la vivienda y la búsqueda de estabilidad económica.
  2. Personas que viven solas y no les gusta dejar su casa vacía durante horas o incluso días. Este perfil ha crecido con el auge del teletrabajo y los viajes frecuentes, generando inquietudes sobre robos oportunistas en viviendas desatendidas.
  3. Parejas separadas o divorciadas que rotan residencias para cuidar a los hijos. El fenómeno de la anidación compartida obliga a dejar objetos de valor en residencias que no ocupan permanentemente, multiplicando los riesgos de accesos no autorizados.
  4. Coliving y cohousing. Estas modalidades urbanas concentran a desconocidos en espacios comunes, alterando la privacidad tradicional de los hogares individuales.
  5. Propietarios que alquilan una o varias habitaciones, compartiendo accesos y espacios privados con sus inquilinos. Esta práctica común en ciudades saturadas como Madrid o Barcelona diluye las barreras entre dueños y arrendatarios, elevando la exposición de bienes personales a extraños.
  6. Personas mayores que viven en residencias o contratan a una empleada de hogar interna. El envejecimiento poblacional ha disparado esta realidad: pisos urbanos permanecen vacíos o se subalquilan a terceros, mientras que el cuidado domiciliario introduce a extraños en entornos privados con acceso ilimitado.
  7. Extranjeros recién llegados sin domicilio fijo y sin un lugar seguro para guardar sus objetos de valor. Esta realidad expone a miles de personas en pisos temporales, donde pasaportes, visados y ahorros se pueden quedar expuestos.
  8. Españoles en el extranjero que dejan pertenencias sin una custodia centralizada. Profesionales expatriados o estudiantes en programas internacionales pueden acumular objetos valiosos en pisos sin supervisión directa durante meses o años.
  9. Familias que intercambian su vivienda para viajar, ocupando el hogar de desconocidos durante semanas. Esta práctica se ha popularizado, pero implica dejar llaves y acceso total a extraños.
  10. Nómadas digitales que cambian de ciudad o país con frecuencia. Estos profesionales independientes priorizan la movilidad laboral, pero acumulan pertenencias valiosas en pisos temporales sin arraigo duradero o deciden no llevar sus bienes de valor en cada viaje.

«El hogar tradicional ya no ofrece la misma protección. Antes contábamos con porteros, conocíamos a los vecinos de toda la vida y había una confianza natural en el vecindario que actuaba como red de vigilancia informal. Hoy, esa cercanía se ha perdido y la confianza con el entorno se ha erosionado», explica David Sacristán, CEO de la compañía. 

En esta línea, indica que «las nuevas tendencias residenciales y de convivencia generan riesgos estructurales que los sistemas domésticos no pueden neutralizar por completo. Por eso, Grupo Inviam se consolida como una alternativa confiable y confidencial para distintos perfiles de clientes, desde jóvenes profesionales hasta familias que buscan proteger objetos de valor sentimental o datos sensibles. Ya no existe un único perfil de usuario, sino que ahora hay un espectro amplio que refleja la diversidad residencial de 2026», concluye.

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