El ISCIII avisa de que el cambio climático “no crea nuevas enfermedades” pero sí redistribuye y amplifica las existentes

El cambio climático no crea nuevas enfermedades, sino que redistribuye geográficamente y amplificar las ya existentes, según han asegurado los investigadores de la Escuela Nacional del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) en el Departamento de Epidemiología y Bioestadística, Cristina Linares y Julio Díaz.

Los expertos se han pronunciado así con motivo de la celebración de la 25ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25), que estos días se celebra en Madrid con el objetivo de agilizar las acciones globales que permitan minimizar los riesgos que supone el cambio climático para la sociedad.

Precisamente, la salud de la población es una de las áreas que más se está viendo afectada por este fenómeno, como así lo han corroborado organismos oficiales como la Organización Mundial de la Salud o diversas investigaciones y revistas científicas como, por ejemplo, The Lancet que el pasado mes publicó el Informe Lancet Countdown en el que se alertaba de los efectos del cambio climático en la salud, con especial mención a la salud infantil.

“El principal mensaje que hay que enviar a la población es que el cambio climático está ya incidiendo en la salud de la población. No sólo en los extremos térmicos (olas de calor y de frío), sino también en el incremento de la contaminación atmosférica, en los eventos meteorológicos extremos (inundaciones y sequías) o en enfermedades infecciosas transmitidas por vectores (mosquitos o artrópodos). Además, hay efectos colaterales relacionados con el clima extremo, como las enfermedades mentales o la pobreza energética”, han comentado los expertos del ISCIII.

En concreto, y en relación a los principales efectos observados en los últimos años, los doctores han destacado el aumento en número e intensidad de las olas de calor y de frío, de los incendios forestales, que también impactan en salud, de las sequías e inundaciones, y de la contaminación atmosférica como consecuencia de las situaciones de bloqueo, en especial del ozono troposférico. Además, se han dado más casos de enfermedades alérgicas y se han incrementado las patologías infecciosas transmitidas por vectores, como por ejemplo casos de dengue autóctono en España.

Ante este escenario, los expertos han aludido a las diferentes investigaciones llevadas a cabo en la Escuela Nacional de Sanidad del ISCIII como, por ejemplo, la cuantificación del impacto a corto plazo de la contaminación en España; o la estimación de la proporción de partos prematuros atribuibles a la contaminación a nivel estatal; el análisis y determinación de la mortalidad anual a corto plazo atribuible a las olas de calor en España.

“También hemos determinado la mortalidad a corto plazo atribuible al frío en España, y su evolución temporal tanto por grupos de edad como a nivel estatal. Hay dos publicaciones, una sobre el efecto del calor y otra sobre el frío, que determinan los impactos en salud previstos en los horizontes de los años 2020-2050 y 2051-2100. Estos estudios se han hecho calculando diferentes escenarios de emisiones RCP (Sendas Representativas de Concentración, diferentes escenarios de emisiones para el cambio climático), cuantificándose la mortalidad atribuible en estos horizontes temporales y escenarios de emisiones tanto si existente adaptación o si no existe”, han argumentado.

Otra de las vías de investigación es, tal y como han explicado Linares y Díaz, la determinación de grupos de especial vulnerabilidad frente a los extremos térmicos, analizando diferencias de género, desigualdades económicas y diferencias según hábitat rural o urbano. Del mismo modo, el instituto está colaborando con la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el diseño y elaboración de nuevos programas de prevención a nivel europeo, y en el establecimiento de las nuevas líneas de trabajo en este campo.

“En muchos de los temas sobre cambio climático y su impacto en salud, la evidencia científica es clara, rotunda y abundante. El mensaje que debemos hacer llegar es que hay que pasar ya a la acción. Los científicos no solemos llegamos a la sociedad, por lo que deben ser otros profesionales, como los educadores ambientales, los que ayuden a conectar con las personas. La educación ambiental está reclamando su protagonismo desde hace tiempo y creemos que ese momento ya ha llegado. La divulgación es fundamental”, han zanjado.

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